DIBUJANTE
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ARTICULO

 

«El artista parece tonto cuando trata de explicar su obra.»

Esta frase de Ortega, recordada a vuelo de pensamiento, aconseja guardar silencio acerca de los trabajos que uno exhibe al púbiico. Pero creo que el que ejerce un oficio es capaz de hablar de él exhaustivamente, aunque ese oficio pretenda alcanzar la misteriosa categoría de arte. Así eludo todo comentario sobre la presente muestra.

Pero dadas sus características me siento inclinado a decir algo sobre la ilustración. Me refiero naturalmente a la ilustración artística, ese pequeño y grande arte hostigado con miradas displicentes y comentarios despectivos. El término ilustración ha caído en desprestigio, como tantos otros que nos remiten a formas de arte, ya pretéritas, que gozaron de suficiente dignidad para que hoy, época de nuevas tendencias y confusiones, sea motivo de subestimación, añoranza o polémica.

El caso es que si tuviéramos que escribir una historia de la ilustración artística, forzosamente tendríamos que seguir el hilo de la evolución de la pintura, desde Altamira hasta Picasso. Y no porque la ilustración vaya o tenga que ir a la zaga de la pintura, sino porque la auténtica ilustración la encontramos en la pintura misma. Pues grandes pintores hubo que fueron además ilustradores formidables. «Las lanzas» de Don Diego, es ante todo, una hermosa pintura, pero es también una ilustración magnífica. Una modesta reproducción del cuadro no nos dará una idea clara de su factura pictórica y de su calidad plástica, pero sí nos permite un análisis de su estructura, de la distribución de masas, del magistral juego de líneas, tonalidades y colores, y también de su anécdota, sabiamente resuelta y destacada... Ilustraciones fabulosas son «EI entierro» del cretense», como «La ronda de noche» y los aguafuertes de Rembrandt.

También hay ilustraciones terroríficas de la obra heterogénea de ese tal Don Francisco, el que nació en Fuendetodos. Son ilustradores aquellos artistas que tuvieron la gracia de elevar la anécdota a la categoría de arte. Pintores modernos hay que, partiendo de la anécdota, han desarrollado su ambicioso concepto pictórico o han alcanzado un gran estilo. Podríamos citar una lista fatigosa y evocar algunos que no se les ha caído el anillo del dedo por ilustrar un libro, Porque la ilustración es para un libro lo que un cuadro de caballete puede ser para una sala, lo que un mural para un palacio, lo que un techo es para la Sixtina... Es tema éste que, por sus peculiaridades y aplicaciones, merece un amplio tratado y un lugar entre las disciplinas de los centros especializados en las enseñanzas artísticas, y así reivindicar una dignidad más olvidada que perdida, y mitigar condicionamientos a aquellos que, por ineludible vocación, pretenden ejercer este oficio.

Vicente Roso